Celebramos el don de Dios y renovamos el compromiso
por una vida nueva
Objetivo: Celebramos el don de Dios en esta experiencia cuaresmal y nos
disponemos a participar en la Pascua gloriosa de Cristo, ratificando nuestro
compromiso por vivir a fondo el evangelio, en comunión eclesial, para contrarrestar
la descomposición social mediante el testimonio de los valores del reino y una
acción pastoral orgánica.
1. INTRODUCCIÓN
Para cerrar esta semana de reflexiones, trataremos de hacer una recapitulación
de los temas vistos durante la semana.
En esta semana hemos comprendido que la conversión es la condición para
recibir el Reino de Dios. Esta conversión implica un cambio de mentalidad, de
forma de vivir, de pensar, de actuar. Envuelve todas las dimensiones de la vida.
Nuestra persona, la manera de actuar en la sociedad, nuestra pertenencia a la
Iglesia y nuestra manera de hacer pastoral. Al convertirnos, no podemos seguir
viviendo de la misma manera que antes.
Reunidos en comunidad, celebremos la fiesta de la misericordia de Dios, en este
clima de conversión personal, social, eclesial y pastoral, vivamos plenamente este
momento de gratitud al Señor de la vida, que nos llama nuevamente a renovar
nuestra manera de vivir y a promover juntos “la vida plena para todos y todas”.
2. PROCESIÓN DE ENTRADA Y PERSENTACIÓN DE SÍMBOLOS
(Se preparan previamente los símbolos utilizados durante la semana)
Lector/a: Hermanos y hermanas, para iniciar nuestra celebración, nos ponemos
en camino, como expresión de nuestro deseo de convertirnos al Señor. Algunos de
los participantes llevarán los símbolos, mientras hacemos el canto de entrada:
Juntos como hermanos.
(De pie, nos colocamos alrededor de la mesa, donde se irán colocando los símbolos)
Lector/a: Observemos estos símbolos, que nos recuerdan el llamado de Dios a
construir su Reino, siendo luz, siendo sal, agradeciendo su sacrificio de amor y
llevando su Palabra a un mundo que sufre y necesita su mensaje.
Vamos a recordar nuestras reflexiones de esta semana.
El primer día: “Llamados a ser cada día “imagen y semejanza de Dios”.
Este día, nos colocamos bajo el juicio bondadoso de Dios como personas, como
sujetos individuales para que, habiendo obtenido la gracia de ser hijos de Dios,
busquemos la conversión reproduciendo la imagen de Cristo en nuestra vida.2
Colocamos en la mesa la Biblia, las monedas y la plantita verde.
Lector: Recordemos que la Biblia representa a Dios, estas monedas representan
los bienes de la tierra y esta plantita verde representa la vida de nuestros
hermanos, que estamos llamados a cuidar, para que sea vivida en plenitud.
Lector: El segundo día: “Llamados a construir cada día la sociedad en
justicia y solidaridad”.
El segundo día, nos colocamos bajo el juicio bondadoso de Dios como miembros
de una sociedad, como ciudadanos de este mundo para que, por la fuerza del
Espíritu de Dios, busquemos la conversión colaborando con Cristo en la
construcción de una sociedad justa y solidaria, contrarrestando la
descomposición social, efecto del pecado.
Colocamos en la mesa el rompecabezas con el rostro de Cristo y el corazón firmado
por las familias participantes.
Lector: Hermanos y hermanas, que este rostro de Cristo y este corazón, sean los
signos visibles de nuestro compromiso de actuar para contrarrestar la
descomposición social.
Lector: El tercer día: “Llamados a edificar cada día la Iglesia como “casa y
escuela de la comunión”.
El tercer día, nos colocamos bajo el juicio bondadoso de Dios como miembros del
Cuerpo místico de Cristo para que, movidos por el Espíritu de Cristo y por el
llamado urgente de la Iglesia, busquemos la conversión edificando la Iglesia local
como “casa y escuela” de la comunión y de la participación.
Colocamos en la mesa los recortes de sectores humanos discriminados: mujeres,
migrantes, extranjeros, pobres, etc.
Lector: Miremos estos rostros que nos recuerdan a todos aquellos a los que
hemos cerrado las puertas de nuestro respeto y de nuestro amor.
Lector: El cuarto día: “Llamados a realizar cada día la nueva evangelización
mediante la conversión pastoral”.
El día de ayer, nos colocamos bajo el juicio bondadoso de Dios como discípulos
misioneros de Cristo para que, movidos por los desafíos del momento presente,
busquemos la conversión pastoral adecuando nuestras opciones por una nueva
evangelización.
Colocamos en la mesa el recipiente con sal.
Lector: Que esta sal nos recuerde siempre, la necesidad de darle el sabor de
Cristo al mundo, que vive de espaldas a El.
3. ACTO PENITENCIAL
En esta celebración queremos contemplar la imagen de Cristo crucificado para
sentir la necesidad de reconstruir nuestra vida, renovar nuestra esperanza y
fortalecer nuestra amistad con Dios, que tanto nos ama.
(Colocamos en alto un Crucifijo al centro de los demás símbolos)3
Confesemos hermanos y hermanas, nuestros pecados, para alcanzar su perdón y
su misericordia.
Todos: Yo confieso…
Nos sentamos
4. COMPARTIMOS NUESTRA EXPERIENCIA:
Cada uno de los participantes, menciona algún aspecto, frase, o mensaje que más
haya calado en su corazón durante la semana de reflexiones.
(Se pone al centro, junto al Crucifijo, un cirio encendido)
5. PALABRA DE DIOS: Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios
5, 8-14.
“En otro tiempo, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Pórtense
como hijos de la luz, con bondad, con justicia, y según la verdad, pues ésos son los
frutos de la luz. Busquen lo que agrada al Señor. No tomen parte en las obras de
las tinieblas, donde no hay nada que cosechar; al contrario, denúncienlas. Sólo
decir lo que esa gente hace a escondidas da vergüenza; pero al ser denunciado por
la luz se vuelve claro, y lo que se ha aclarado llegará incluso a ser luz. Por eso se
dice:
“Despierta, tú que duermes,
levántate de entre los muertos
y la luz de Cristo brillará sobre ti”.
6. PRECES
Lector: Padre, bueno, que has amado de tal modo al mundo que le enviaste a tu
Hijo Primogénito para encaminarlo a la felicidad.
Todos: Ayúdanos a acoger con gozo y generosidad el mandato de Cristo de ser sal,
luz y fermento del mundo en que vivimos, para transformarlo de acuerdo a tu
proyecto de amor.
Lector: Tú que soñaste con una gran familia, que viviera en la fidelidad y en el
amor.
Todos: Concédenos paciencia y tolerancia para tratarnos con espíritu fraterno.
Lector: Tú que nos amas tanto, que deseas que forjemos juntos la unidad, la
armonía, la solidaridad y la comunión fraternas.
Todos: Ayúdanos a ser testigos de tu amor, en el diario compromiso con nuestros
hermanos. 4
Lector: Tú, que anhelas el fin de las desigualdades, injusticias, y violencias de
este mundo.
Lector: Ayúdanos a cambiar de corazón, para construir un mundo mejor y más
humano.
7. ORACIÓN FINAL:
Gracias, Señor, porque nos invitas a preparar el camino de tu Pascua.
Gracias porque has entrado a nuestra casa y nos has llamado de nuevo.
Gracias porque siempre nos das una nueva oportunidad para acercarnos a Tí.
Gracias por tu perdón que renueva nuestro corazón y nos dispone al
compromiso.
Ayúdanos a ser dignos de tu misericordia y aceptables ante tus ojos.
Ayúdanos a perdonar, a servir y a tratar a quienes nos rodean, como hermanos.
Ayúdanos a reconstruir esta sociedad dividida y lastimada.
Ayúdanos a renovar nuestra Iglesia, para que sea capaz de responder a los
desafíos que el mundo le presenta.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Padre Nuestro…
8. SIGNO DE PAZ: Nos damos un abrazo, como signo de nuestro deseo de
vivir en fraternidad.




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